G. M. MEAVE | LA BITÁCORA
La resuelta Suleika, heroína de este libro-diván, nos presenta con místico donaire la obra del cósmico Goethe, a publicarse en versión alemán/castellano por los editores de Nihil Nec Nemo. Me declaro culpable de esta portada, suculento encargo de esta editorial selecta e invisible ubicada en algún lugar de Prusia Oriental (y accesible sólo por el cyberespacio, desde donde fui aparentemente contactado).
Se trata de un volumen de poesía, que Johann Wolfgang dió a la luz allá por 1819. No pude evitar darle un giro a lo Space Opera, que no le viene mal a este texto en el que Goethe explora la eterna fascinación mutua entre Cristiandad e Islam, Alemania y Turquía, Persia y Grecia, Oriente y Occidente. ¿Y porqué no meter también en la licuadora los misterios de Egipto, la oriflama sufí, el tercer ojo tibetano, la ebanistería francesa y la zoología experimental, encarnada en un sabio felino de cuatro ojos?
El chiste es que me gustó bastante el resultado. Trabajé sobre papel japonés de arroz, que le da una textura “litográfica” a la ilustración. El color figura en gamas limitadas y la línea es modulada y expresiva pero reducida a lo esencial. Al lado se pueden ver detalles del arte, y arriba la aplicación en portada. Al final aparece el dibujo maestro de línea, sobre el que apliqué el color digital.
Se dice que Goethe se inspiró en la obra de Hafiz, Fuzuli y otros poetas persas y turcos. Entre ellos, a cierta colección de poemas líricos se le llamaba diwan o divan, palabra de origen farsi que, por azares de la etimología, también vino a significar “sillón o asiento reclinado y acolchonado”.
El Medio Oriente ejerce sobre nosotros cierto misterio y extrañeza, incluso miedo. Pero este miedo suele ser miedo a lo desconocido. Los recientes acontecimientos en la política y absurdas guerras como las del Golfo nos han dado una idea errónea y partisana sobre los pueblos de esta zona del mundo, idea que nuestros vecinos del norte y algunos de sus presidentillos nefastos –junto con sus secuaces terroristas– se han encargado de difundir.
Por eso, y para cerrar esta entrada, cito este texto de Yalal ad-Din Muhammad Rumi, poeta persa nacido en Balkh, Afganistán y muerto en Konya, Turquía, hace más de siete siglos. Rumi fue uno de los maestros sufís más famosos y uno de los místicos musulmanes más agudos y sensibles. Su poema habla por sí mismo:

«Busqué a Dios entre los cristianos y su cruz y no lo encontré. Acudí a los antiguos templos del paganismo: no había rastro de Él. Entré en la caverna montañosa de Hira, y viajé hasta el lejano Kandahar, pero a Dios no hallé. Con decisión escalé hasta la cima del Cáucaso, pero sólo encontré ahí el nido del Simurgo.
Entonces me dirigí hacia la Kaaba, meca de jóvenes y viejos, y ni siquiera ahí estaba Dios. Indagando en la Filosofía interrogué al sabio Ibn Sina, pero no hallé a Dios en sus palabras. Me aventuré entonces al lugar donde el profeta Mahoma experimentó la manifestación divina a sólo “dos codos de distancia”, pero ni siquiera en ese ámbito excelso Dios estaba presente.
Finalmente, observé dentro
de mi corazón: ahí estaba Él,
y en ningún otro lugar.»http://es.wikipedia.org/wiki/Goethehttp://es.wikipedia.org/wiki/Hafiz_Shirazihttp://es.wikipedia.org/wiki/Yalal_ad-Din_Muhammad_Rumihttp://es.wikipedia.org/wiki/Sufishapeimage_22_link_0shapeimage_22_link_1shapeimage_22_link_2shapeimage_22_link_3
26 de junio de 2009
West–Eastern Divan
 
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